El filme de Amín, de Etzel Báez

Escrito por 339aminabelhasbun 30-01-2015 en cine dominicano. Comentarios (0)

Tony Raful

(A Mirna Santos) 
Don Mahoma y doña Liliana tuvieron negocios alrededor del “Mercado Modelo” de la avenida Mella  en la ciudad pequeña de “Ciudad Trujillo”, junto a mis padres que  tenían negocios de exportación de frutos y luego de muebles y colchones, muy próximos. Toda mi infancia y parte de la adolescencia la viví, viendo a la familia Abel Hasbún, como a mi propia familia, y a doña Liliana como una segunda madre. Muchos años después, el azar juntó el negocio de muebles de mi padre con la tienda de tejidos de don Mahoma Abel, uno al lado del otro en la avenida Duarte, cerca de la hoy avenida 27 de Febrero. Mi primera noción del drama de Palestina la recibí de don Mahoma, que era palestino y conversaba todos los días sobre el problema árabe con mi padre que era libanés. Los hijos del matrimonio de Mahoma Abel y Liliana Hasbún Weuim, fueron: Jalin, Amín, Faisal, Abdalah y Musa.  Todos excelentes seres humanos, y como en el caso de Faisal, un icono del deporte dominicano, una gloria del baloncesto, y  Musa, un médico pediatra, de formidable conducta ciudadana. Siempre vi a Amín como un ejemplo de la inteligencia, del conocimiento y la sensibilidad social. Su liderazgo en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, catapultó su proyección como extraordinario estudiante de la carrera de Ingeniería y a la vez Secretario General de la Federación de Estudiantes Dominicanos. Pudo ser lo que hubiese querido ser en esta sociedad y pudo alcanzar los más alto niveles de realización social y económica. Todo lo dejó o lo desdeñó en aras de un ideal de justicia y libertad, con valentía y decoro. Quienes lo conocieron saben de qué pasta humana superior estoy escribiendo. 

Etzel Báez, autor del guión y la dirección de un film titulado, “339, Amín Abel Hasbún, memoria de un crimen”, nos invitó a ver esta singular película que constituye, en lo testimonial, la denuncia viva de uno de los crímenes más atroces del período represivo de los doce años de postguerra, y en lo documental, la plasmación de todos los elementos probatorios que comprometen al Estado dominicano a través de su aparato policial y judicial en la ejecución burda de un revolucionario consecuente con sus ideas y principios. El film no es una recreación superficial de aquella tragedia del 24 de septiembre de 1970, sino el seguimiento riguroso del expediente judicial investigativo de los propios organismos gubernamentales sobre la muerte de Amín.

Diferente a todos los esquemas de producción cinematográfica, la película transcurre  en imágenes del asesinato, apegada  palabra por palabra a los interrogatorios de los participantes de la patrulla policial y del inefable representante de la justicia que se prestó por cobardía infinita a la materialización del crimen. Basado en el libro de Fidel Santana, “Amín, un gigante dormido”, y en las investigaciones de la Procuraduría General de la República, esta pieza se desarrolla con inusitada fuerza escénica, destacándose el papel del joven Guillermo Liriano como Amín; del reconocido actor Pericles Mejía, como el Procurador; Marino Ariza Hernández, Héctor Then como el raso Hermógenes López, quien apretó el gatillo del arma que mató a Amín; William Simón como Tucídedes Martínez, el representante de la Justicia; Margaux Louder, en el papel de Mirna Santos, la esposa de Amín, así como otros actores que se ajustaron a roles asignados con la mayor naturalidad. La producción ejecutiva fue de Andrés Quezada Film-Etzel Báez, y el productor de línea, Alvin Parra, la música de Huayna Jiménez Ronzino.

No busquéis en la película, acciones de guerra, episodios sentimentales o barrabasadas fílmicas, de esas que tanto hormiguean por doquier. Todo gira en torno a los interrogatorios, con efectos incisivos en el espectador, manteniendo en todo momento la atención del público, con un manejo de símbolos que traduce una alteración del orden pretoriano, fotografías inclinadas y deformaciones de objetos, que envían el mensaje del deterioro y la inversión  de los valores de la justicia dominicana.  

No me explico por qué esta película no está las carteleras de los cines del país. Etzel Báez la ha estado exhibiendo en comunidades del interior, en clubes, en universidades, en cinematecas. No es una producción al último grito de los recursos tecnológicos; está hecha con mucho amor y sacrificio, con muchas limitaciones, pero sobre todo, con una gran voluntad de creación y justicia. 45 años  después de su muerte, Amín Abel Hasbún, permanece como un hermoso recuerdo de una vida ética, socialmente comprometida y digna, cuya alma noble sobrevuela las coyunturas y las caducidades ideológicas de nuestro tiempo.